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La soledad de Irán

Publicado: 2020-01-04

Rusia se ha referido en términos prudentes al asesinato del general Soleimani por Estados Unidos, centrándose en sus posibles consecuencias para la paz en el Medio Oriente, pero muy lejos de mostrar una gran solidaridad con Irán. Ello no es sorprendente, en la medida en que ambos países son socios, sí, en algunas empresas, como el sostenimiento del régimen de Bashar Al Assad, pero difícilmente pueden ser considerados aliados fieles. Por el contrario, se encuentran en pugna por los despojos de la guerra en Siria, buscando cada uno asegurarse la mejor tajada en términos de recompensas económicas y territoriales. Más aún, Rusia autoriza regularmente a la aviación israelí a surcar los cielos sirios para bombardear instalaciones iraníes y de la milicia libanesa chiita Hezbolah.  

China, por su parte, tiene importantes negocios con el régimen de los ayatolás, pero cuida de no verse envuelto en los conflictos de la región.

Turquía, otro actor importante en la zona, aunque forma parte de una troika que negocia el futuro de Siria y que reúne además a Rusia y a Irán, tiene su propia partitura, que entra en colisión con la de Teherán.

La Unión Europea busca ayudar a la República Islámica a mitigar los efectos de las sanciones económicas norteamericanas, a través de un sistema de comercio que elude el uso del dólar, pero solo como un intento desesperado de salvar el acuerdo nuclear de 2015, y no como parte de una alianza que, obviamente, no existe ni puede existir.

Por lo demás, Irán hace frente en la región a los diferentes países árabes de mayoría sunita, y, en particular, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos.

Es decir, en el concierto de los Estados, el régimen liderado por Ali Khamenei está aislado ante la eventualidad de una guerra abierta con los norteamericanos.

Tiene, sí, una red de milicias irregulares que ha creado y/o que financia, entre las cuales, la de Hezbolah en el Líbano y varias en Irak, y que le permiten incidir fuertemente en la vida política de dichos países y en las decisiones de sus respectivas autoridades. Sin embargo, en los últimos meses, las poblaciones locales han salido a protestar en gran número a las calles, reclamando reformas, y poniendo en la mira también la influencia iraní.

Sin duda, Khamenei y sus huestes tienen los medios para golpear de una u otra manera, directa o indirectamente, a Estados Unidos; sin embargo, a la vez, se ven obligados a contener su furia y graduar su respuesta al asesinato de Soleimani, de tal modo que sea lo suficientemente significativa, pero, que, al mismo tiempo, no provoque una reacción norteamericana que signifique la destrucción de su país y su propia caída.

Más allá de ello, cabe preguntarse sobre la sostenibilidad en el mediano plazo de esa suerte de imperio regional iraní que contribuyó grandemente a construir el fenecido comandante de las brigadas Al Quds. Ello, tanto por razones políticas, como financieras, en un contexto de embargo económico, y porque no aporta nada al bienestar de la población persa, muy por el contrario.

Independientemente de las críticas que, con justicia, merece Donald Trump, el resultado final de su errática y peligrosa actuación respecto de Irán, podría ser tal vez la eliminación de esa nociva anomalía, aunque al precio, muy probablemente, de una nueva y sangrienta convulsión en el Medio Oriente .   


Escrito por

Francisco Belaunde Matossian

Analista político internacional. Profesor en las universidades Científica del Sur y San Ignacio de Loyola


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