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Foto Prensa Libre

Embrollo Sangriento en Siria

Publicado: 2019-10-11

Rusia ha intervenido en la guerra civil siria para salvar al régimen de Bashar al Assad. El presidente de Turquía Recep Tayyip Erdogan, promueve la caída de Bashar al Assad. Hace dos años, Rusia autorizó a las tropas turcas a entrar y establecerse en el noroeste de Siria.  

Rusia e Irán son socios en la empresa de salvataje de Bashar al Assad. Rusia permite que Israel ataque con cierta frecuencia posiciones iraníes en Siria.

Los presidentes de Rusia, Turquía e Irán, se reúnen periódicamente para hablar del futuro de Siria, sin invitar al principal interesado, el presidente sirio.

Estados Unidos se alió con las milicias kurdas para luchar contra el Estado Islámico en Siria. Su otro aliado, Turquía, busca aplastar a las milicias kurdas. El presidente Trump acaba de dejar la vía libre para que Turquía ataque a las milicias kurdas.

Como se puede constatar, la guerra en Siria da lugar, no solo a una larguísima sucesión de crímenes y a una enorme tragedia humana, sino también a una alucinante exhibición de juegos retorcidos por parte de los diferentes actores, que casi llegan al punto del surrealismo. Ello, sin embargo, no quiere decir que se esté ante un escenario de irracionalidad generalizada, más allá de que se considere que toda guerra es una locura.

Lo que sucede es que, en Siria, hay muchos participantes y que los amigos de los amigos no son necesariamente, amigos; por el contrario, son, con frecuencia, enemigos.

Por otro lado, hay que distinguir, obviamente, las movidas tácticas de la estrategia.

La pregunta que cabe hacerse, es si las acciones de los líderes involucrados favorecen siempre los intereses de sus respectivas naciones u organizaciones; es decir, si saben lo que hacen, o, por lo menos, si miden correctamente sus movimientos de corto plazo, como para evitar que las cosas se salgan de control, y pongan en riesgo sus estrategias. La obnubilación y lo imprevisible también son parte del juego.

El objetivo final de Rusia es conservar su influencia y sus bases militares en Siria, si no tenerla bajo su tutela y, para ello, requiere, por lo menos hasta ahora, que el régimen de los Assad, viejo aliado desde la época de la Unión Soviética, se mantenga. Turquía debe, en principio, ayudarle a obtener la rendición de los grupos anti-Assad atrincherados en su último bastión de la provincia de Idlib, al noroeste del país, y con los que Ankara tiene vínculos. Por otro lado, la presencia turca constituye también una herramienta de presión a los kurdos para que se plieguen al gobierno de Damasco.

Por otro lado, si bien Irán es su aliado como sostén de Assad, Rusia también lo ve como un competidor como potencia influyente en Siria, por lo que no le viene mal que las fuerzas de Teherán sufran los embates de Israel, país, con el que, por otro lado, Vladimir Putin quiere mantener una buena relación.

Estados Unidos, por su parte, quiere irse. Ya se ha metido en suficientes guerras muy costosas y no quiere más. Donald Trump considera que el Estado Islámico, su única fuente de preocupación, ya está derrotado y que, por lo tanto, no hay razón para mantener su presencia en Siria. La suerte de los kurdos lo tiene sin cuidado, por lo visto. El problema, apuntado por diversos analistas, es que el Estado Islámico, si bien ha perdido los territorios que había conquistado, sigue vivo y, sin duda, sacará provecho del retiro norteamericano y de la ofensiva turca contra los kurdos, para buscar recuperar terreno. Es decir, no parece que el actual inquilino de la Casa Blanca, para variar, sepa muy bien lo que está haciendo. En él, los impulsos y el cálculo de muy corto plazo, pesan más que el raciocinio y la mirada de amplio espectro.


Escrito por

Francisco Belaunde Matossian

Analista político internacional. Profesor en las universidades Científica del Sur y San Ignacio de Loyola


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