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Yo especulo, tú especulas, nosotros especulamos

Publicado: 2019-08-05

La especulación, la conjetura y la hipótesis son herramientas valiosas. Son ejercicios de imaginación y de lógica que nos permiten acercarnos a la realidad a partir de datos incompletos.  

El problema es que en el debate político no se dan como en el campo científico donde priman la búsqueda de la verdad y del conocimiento; por el contrario, no son neutrales, siendo utilizadas más bien como armas contra el adversario, porque, obviamente, siempre apuntan a dejarlo mal parado. En esa línea, con frecuencia son formuladas arbitrariamente y de manera antojadiza, con escaso o ningún sustento. Devienen en muchos casos en difamaciones más o menos encubiertas, implícitas o explícitas.

Así, oímos o leemos continuamente en los medios y en las redes, a un político, un líder de opinión o un ciudadano de a pie, especular que fulano o fulana tiene una intención innoble o intereses oscuros detrás de una determinada actuación. Lo peor es que se hace en el tono de la afirmación, como si se estuviera hablando de un hecho confirmado. Las acusaciones de “mermeleros” y/o de "corruptos" a periodistas y analistas por el solo hecho de emitir opiniones discrepantes constituyen un clásico en la materia.

Por supuesto que revelaciones posteriores pueden confirmar lo que se ha sostenido, pero ese no es el punto. La cuestión es que es inaceptable que, al momento de expresarnos de esa manera, no tengamos ninguna base.

Se dirá que son las reglas del juego y que no se puede hacer nada al respecto. No es así. Tenemos que hacer algo todos desde nuestras trincheras, disciplinándonos en nuestros dichos y frente a los teclados de nuestras computadoras y celulares, mordiéndonos la lengua y los dedos en vez de soltar barbaridades, aunque estemos persuadidos de lo que queremos decir. La convicción no reemplaza a la verdad, es más bien con frecuencia enemiga de ella.

A los entrevistadores de los medios de comunicación les cabe un rol central. No pueden dejar pasar especulaciones o conjeturas, en particular cuando son ofensivas, sin cuestionarlas. No entrando en una discusión pico a pico con el invitado, pues no ayuda a llegar a la verdad, dado que tirios y troyanos la darán la razón al que coincide con sus opiniones, sino preguntándole sistemáticamente cuál es el sustento de lo que dice; si no lo hay, quedará desbaratado el dicho. Aunque pueda ser tedioso, es muy importante hacer notar cada vez, para la educación cívica de los oyentes, que lo que el invitado está señalando es una especulación, una conjetura o una hipótesis, lo que es perfectamente legítimo en tanto no constituya una difamación abierta o insidiosa. Les toca a los entrevistadores de los medios ser docentes y ayudar al público a distinguir entre especulación y hechos, para bien del debate político y, por lo tanto, de la democracia.


Escrito por

Francisco Belaunde Matossian

Analista político internacional. Profesor en las universidades Científica del Sur y San Ignacio de Loyola


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