Santiago Manuin por siempre

Humala: ¿Balance balanceado o desbalanceado de su gestión?

Publicado: 2016-07-26

Ollanta Humala desata pasiones. Ello puede sonar extraño dada su personalidad bastante apagada, pero es bastante obvio cuando observamos las reacciones que despierta en buena parte de nuestro mundillo político-mediático. Claro, las pasiones van exclusivamente en el sentido del rechazo, no del afecto.

El virtual ex mandatario pertenece, junto con Alejandro Toledo y Susana Villarán en su momento, a esa especie, tal vez exclusivamente peruana, de políticos-piñata que, a la par de no entusiasmar a casi nadie, generan rictus y muecas de sufrimiento o furia que casi se convierten en tics nerviosos, en los rostros de varios opinantes y responsables de medios, cuando no expulsión de espuma por la boca y ojos desorbitados. Se distinguen de personajes como Alberto Fujimori o Alan García, que si bien, también atraen violentas críticas, al mismo tiempo cuentan con numerosos defensores enfervorizados.

En esas condiciones, es bastante difícil que puedan hacerse escuchar análisis fríos y sobrios sobre los cinco años de presidencia humalista. Los hay sin duda, pero no suenan mucho y, por el problema de la falta de espacio para los artículos en la prensa, solo cubren algunos rubros de acción.

Obviamente, hay aciertos y errores que saltan a la vista y que, por lo tanto, han sido profusamente mencionados. Así, en cuanto a lo primero, destacan, entre otros, la continuación, hasta su final, del proceso de la Haya sobre los límites marítimos con Chile, o los logros en los programas sociales y los avances en materia de educación. En cuanto a lo segundo, vienen rápidamente a la mente el anormal protagonismo de la Primera Dama, como manifestación de una impericia política a niveles pocas veces vistos en Palacio, el desfile de ministros del Interior, que, como en las presidencias anteriores, se convirtió en un lastre en la lucha contra la inseguridad y los retrasos en la ejecución de diferentes obras de infraestructura.

Sobre la economía, hay un llamativo contraste entre los cantos de alabanza del FMI y de la comunidad financiera internacional, y algunas opiniones locales apocalípticas.

Un aspecto muy importante para el análisis es, sin duda, el grado de avance del Estado, en términos de presencia territorial, así como de herramientas de gestión y de eficiencia en general. Es una parte de la tarea gubernamental que no luce mucho pero que es crucial.

En todo caso, para hacerse una idea razonablemente clara y emitir un juicio sólido y fundamentado, habría que efectuar estudios comprehensivos del conjunto de la administración que llega a su término, por lo menos en los temas más decisivos en la marcha del país. Seguramente, los leeremos en los próximos meses.


Escrito por

Francisco Belaunde Matossian

Analista político internacional. Profesor en las universidades Científica del Sur y San Ignacio de Loyola


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