moras non sacta

¿Promoción de la cultura del insulto o docencia política?

Publicado: 2017-09-18

El politólogo Carlos Meléndez, en su columna del sábado 16 de este mes, publicada en el diario El Comercio, dice lo siguiente: “Los parlamentarios elegidos bajo los colores naranjas están en permanente contacto con sus bases, dialogando con ese sentido común popular, informal y anti-establishment. Ellos confían en que los modales que tanto disgustan a la corrección política del café miraflorino son antenas que sintonizan con el clamor de sus seguidores”.  

Los “modales” a los que alude el autor, son la extrema agresividad y las andanadas de insultos a las que recurrieron varios congresistas fujimoristas durante el “debate”, si se le puede llamar así, en torno a la moción de confianza presentada por el, ahora, ex Presidente del Consejo de Ministros, Fernando Zavala, y, que, además, son recurrentes en las intervenciones de ese sector en el Parlamento, tanto en el hemiciclo como en las comisiones.

Hay en la observación de Meléndez un tono celebratorio de esos “modales”, al contraponerlos a lo que llama despectivamente “la corrección política del café miraflorino” que, sabemos, lo irrita sobremanera y que corresponde grosso modo, a las posiciones conocidas como “caviares”, es decir, de centro izquierda y liberal en lo social, conjugadas con anti-fujimorismo y que tendrían, en su óptica, un carácter “elitista”.

Naturalmente, es perfectamente legítimo que se profese simpatías o antipatías por tal o cual sector político, pero es deplorable que se festeje o se sea ambivalente ante prácticas que no le hacen ningún bien a la democracia. El cinismo que exudan las líneas comentadas es penoso.

No se trata aquí de “corrección política”, concepto que tiene una connotación peyorativa, sino de lo que es correcto en la actividad política, en términos de ser capaz de expresar discrepancias con altura y de manera argumentada. Tampoco es un tema de “miraflorinos” o “no miraflorinos”. El respeto hacia el adversario o el que piensa distinto no tiene nada que ver con el origen social. Pensar de otra manera es dar muestras de una mentalidad discriminadora.

Es imperativo bajar los niveles de polarización, más allá de que puedan darse treguas momentáneas con ocasión, por ejemplo, de un cambio de gabinete, como parece ser el caso en estos momentos. La malcriadez que, por lo visto, se confunde con firmeza, debe ser erradicada. Es también una cuestión de ética que todos los actores, del bando que sea, deberían tener presente, no solo en el recinto parlamentario, sino también en los medios y en las redes.

No sé si los numerosos seminarios y cursos de capacitación política que brindan diversas instituciones incluyen también enseñanzas sobre cómo discrepar en democracia, de manera respetuosa y articulada. Ojalá sea así. Como país, lo necesitamos a gritos.


Escrito por

Francisco Belaunde Matossian

Analista político internacional. Panelista de programa TV Perú Mundo de Canal 7. Profesor universitario


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