espera despierta

La maldición del ministerio del Interior

En nuestro país, los encargados de la cartera del Interior son ministros de pasarela porque solo tienen tiempo de desfilar un rato ante el público exponiendo sus planes, y de tomar acciones iniciales, luego de lo cual, se van por uno u otro motivo. El resultado es que no hay continuidad en las políticas del sector, lo que, a su vez, tiene como consecuencia que, año tras año, la delincuencia crezca a un ritmo cada vez mayor. 

En ese contexto, Carlos Basombrío, como sus predecesores, tenía, al juramentar, una expectativa de vida bastante reducida en su cargo. Él, sin embargo, tiene una particularidad: nació muerto como ministro, o, mejor dicho, ya estaba condenado a muerte. Es así porque lleva a cuestas la etiqueta infamante de “caviar”, y, peor aún, la inscripción indeleble en su expediente de antecedentes políticos, de haber escrito un tuit , tras el triunfo de Pedro Pablo Kuczynki en la elección presidencial, en el que, llevado seguramente por la emoción, tildó al fujimorismo de “mafia”. Ciertamente, se disculpó al asumir su cartera, pero todo indica que ese acto por la supervivencia fue inútil. En otras palabras, el despacho de Córpac está ocupado por un zombi.

No obstante, es un zombi hiperactivo y que se muestra muy entusiasta en su labor. No soy especialista en la materia y no puedo entonces emitir un juicio terminante sobre su gestión, pero lo que sí sé, como cualquiera, es que, en el sector del Interior, los resultados de las políticas aplicadas toman mucho tiempo en dar resultados. Ciertamente, 11 meses es un período muy corto para sacar conclusiones.

No resulta lógico entonces que penda sobre él la amenaza de la censura, si nos atenemos a varias voces del fujimorismo parlamentario y mediático que hacen pensar que la interpelación será un mero trámite antes de la ejecución. El episodio de la marcha del Movadef no es una justificación suficiente y suena más bien a pretexto. Por otro lado, los dichos sobre el supuesto carácter desastroso de su labor, carecen de argumentos sólidos. Referirse a los actos delictivos que se dan todos los días, como fundamentación, es francamente superficial. Sin duda, Basombrío ha cometido errores apuntados por los especialistas, pero también ha dictado medidas que han sido elogiadas. Particularmente interesante es su claro compromiso en depurar la institución policial, pues sin la eliminación de los elementos corruptos que hay en ella, no hay forma de ganar la lucha por la seguridad. Hay quienes señalan que, por ese motivo, está siendo boicoteado desde adentro por quienes quieren mantener el statu quo de permisividad y de acomodamiento ante esa realidad inaceptable; su eventual defenestración formaría parte de la trama.

Sin duda, salvo que se caiga en una suerte de “sicariato parlamentario”, en todas las democracias la censura de ministros es aceptada también como una herramienta en los juegos de poder que pueden darse entre el gobierno y el Congreso. Sin embargo, es muy inquietante cuando se toca un sector en el que se requiere de todos los actores políticos el máximo sentido de responsabilidad porque está en juego nada menos que nuestra viabilidad como sociedad. No sucede lo mismo con otros ámbitos de la acción gubernamental. Ya hemos perdido muchísimo tiempo y nos acercamos a escenarios como el de Méjico y sus vecinos centroamericanos. Obligar al cambio prematuro del ministro podría agravar las cosas para todos nosotros. Esto no es broma.

Ojalá el fujimorismo y sus compañeros de ruta en este episodio midan sus pasos con sentido de país y, de paso, contribuyan a acabar con la maldición del ministerio del Interior.  


Escrito por

Francisco Belaunde Matossian

Analista político internacional. Panelista de programa TV Perú Mundo de Canal 7. Profesor universitario


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