No indulta

La Unión Europea hace la fuerza

Publicado: 2017-05-08

La derrota de la candidata hostil a la Unión Europea, Marine Le Pen, a manos del centrista Emmanuel Macron en la última elección presidencial en Francia, es ciertamente una gran noticia, pero no puede hacer olvidar que la lideresa del Frente Nacional ha alcanzado una votación histórica para su partido y que, en general, las formaciones populistas y ultraderechistas están sólidamente ancladas en el paisaje político del Viejo Continente. El riesgo de que la más profunda experiencia de integración del mundo pueda ser liquidada se mantiene entonces vigente, lo que resulta incomprensible, si nos atenemos a los grandes logros obtenidos desde que fue iniciada.    

En efecto, el mercado común europeo, creado mediante uno de los tratados suscritos en Roma el 25 de marzo de 1957, constituye un factor decisivo del notable nivel de vida alcanzado por las poblaciones de los países firmantes, así como de los que adhirieron al acuerdo posteriormente.

Lo anterior ha tenido como lógica consecuencia que los respectivos Estados nacionales también prosperen, y, por lo tanto, se fortalezcan.

Resulta entonces paradójico que los sectores extremistas agiten la bandera nacionalista para propiciar el fin de la integración. Dan muestran con ello, de la extrema superficialidad de su postura, lo que no es sorprendente, ya que lo suyo son las arengas y los eslóganes antes que el análisis serio de la realidad.

Las tribulaciones económicas actuales tienen su raíz, fundamentalmente, en la crisis financiera iniciada en Estados Unidos en la década pasada. Por otro lado, la pérdida de empleos industriales obedece de manera esencial a la globalización y la automatización de la producción. Sin embargo, se hace de la Unión Europea un chivo expiatorio muy conveniente.

Lo mismo sucede respecto del flagelo del terrorismo y del flujo masivo de inmigrantes y refugiados. Se pasa por alto la importancia de la acción en común europea para detectar y perseguir a los terroristas, lo que, por cierto debe ser reforzado. Se omite también los esfuerzos de la Unión para aliviar las presiones migratorias en sus fronteras incluso a costa de atraer las críticas de los organismos defensores de los derechos humanos. Es lo que se viene dando, tras el acuerdo entre Bruselas y el gobierno de Turquía para retener a los refugiados sirios en suelo turco mientras se procesan sus solicitudes de asilo, a cambio del desembolso de una cuantiosa suma de dinero, entre otras concesiones.

Naturalmente, la Unión Europea adolece de deficiencias y dificultades propias, entre las que destaca lo concerniente al Euro, cuya creación no ha estado aparejada de la adopción de una política fiscal y financiera única entre los países que han adoptado esta moneda común. A ello se agrega la distancia existente entre la burocracia de Bruselas y los ciudadanos de a pie.

No obstante, la existencia de problemas como los mencionados, no pueden de ningún modo significar tirar por la borda las realizaciones que desde hace más 60 años, han traído grandes beneficios a las poblaciones. Esto es obvio, pero, por lo visto, tiene que ser repetido una y otra vez por las autoridades europeas como parte del esfuerzo comunicacional que se ven obligadas a realizar.

En resumen, la derrota de Marine Le Pen, más que una ocasión para descorchar botellas de champán, debe ser vista en Bruselas, Paris, Berlín y en otras capitales, como un aliciente para redoblar el empeño por mantener a flote y reforzar la integración, ajustando lo que haya que ajustar.


Escrito por

Francisco Belaunde Matossian

Analista político internacional. Panelista de programa TV Perú Mundo de Canal 7. Profesor universitario


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