No indulta

El Niño costero y el niño gringo

Publicado: 2017-03-21

Tras la reunión celebrada el 18 de marzo en Baden Baden, Alemania, por los ministros de finanzas del llamado “G20”, instancia de coordinación y diálogo que agrupa a las principales potencias económicas del mundo, así como a varios países emergentes como México, Argentina y Brasil, entre otros, se emitió un comunicado que refleja la nueva situación global generada tras la llegada de Donald Trump al poder en Washington: no se incluyó la tradicional condena del proteccionismo económico y, a diferencia de lo sucedido el año pasado, se omitió toda referencia al acuerdo de Paris del 2015 destinado a luchar contra el cambio climático. Así, en particular respecto del segundo punto, Estados Unidos hizo sentir en un documento internacional oficial, su nueva posición contraria a la de la comunidad internacional.   

A ello se suma el proyecto de presupuesto presentado por la Casa Blanca al Congreso norteamericano para el próximo ejercicio fiscal, y que contempla un drástico recorte, de alrededor de un tercio, de los recursos de la Agencia de Protección Ambiental (EPA). Si bien, como es usual, la propuesta del Ejecutivo será previsiblemente corregida en gran medida por el Legislativo, de todos modos constituye una clara declaración política sobre la nueva línea gubernamental en la materia. Por lo demás, teniendo en cuenta la mayoría republicana en el Capitolio, es de prever que, aun cuando no se llegue tan lejos como lo propone la administración, sí se apruebe una fuerte reducción de los fondos asignados al mencionado organismo federal.

También debe recordarse la disposición del mandatario estadounidense para liberar a las industrias del petróleo, del carbón y del automóvil del peso de diversas reglamentaciones ambientales.

En tal contexto, parece establecido que el compromiso adoptado durante la gestión de Barack Obama, de disminuir la emisión de gases de efecto invernadero por su país, en concordancia con el objetivo mundial de limitar el calentamiento global en 2 grados de aquí al año 2100 respecto de la era preindustrial, será abandonado por lo menos durante los próximos cuatro años.

Mientras tanto, los peruanos estamos lidiando con los terribles efectos del Niño costero. De acuerdo a varios especialistas, la intensidad del fenómeno obedece precisamente al cambio climático, y es de temer que, por el mismo motivo, episodios similares de igual o mayor gravedad vayan a darse de manera cada vez más repetitiva en el corto y mediano plazo.

En esa perspectiva, la nueva política de Washington aparece como una muy mala noticia para nosotros, salvo, claro está, que se comparta el escepticismo del inquilino de la Casa Blanca respecto de la realidad del cambio climático y/o de su aceleración por la actividad humana.

Ciertamente, es perfectamente legítimo para cualquier ciudadano abrigar dudas en la materia. Lo inquietante es que el presidente de un país tan importante como Estados Unidos adopte medidas de impacto global, contrariando la posición de la casi totalidad de los científicos especializados a nivel mundial, simplemente a partir de una suerte de instinto de su parte. Es verdad que Donald Trump no tiene en muy alta estima a los que saben, tal como lo ha demostrado también en relación con la política exterior y el Departamento de Estado, lo que forma parte de esa inmadurez en el manejo de los asuntos públicos que sus críticos le reprochan, y que, por cierto, también incluye su incontinencia “tuitera”.

Es decir, si en el Perú sufrimos actualmente ante los embates del Niño costero, el mundo podría verse grandemente afectado por esa suerte de infantilismo que parece marcar buena parte de las acciones de quien hoy ocupa el Despacho Oval de la Casa Blanca.


Escrito por

Francisco Belaunde Matossian

Analista político internacional. Panelista de programa TV Perú Mundo de Canal 7. Profesor universitario


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