Santiago Manuin por siempre

El gobierno de Humala en perspectiva

Publicado: 2015-07-28

Los períodos pre electorales no son propicios para efectuar balances equilibrados de los gobiernos en curso, y el actual no es la excepción. Mucho menos para el ejercicio que propone Carmen Mc Evoy en su interesante entrevista otorgada al diario La República y publicada ayer, de mirar la realidad del momento con perspectiva histórica.  

Naturalmente, el espectro de la labor gubernamental es muy amplio, pero, grosso modo, puede decirse que el análisis comprende, en primer lugar, las acciones y omisiones en términos de manejo de la coyuntura, de situaciones de emergencia y de amenazas para la sociedad y el país en su conjunto. Por otro lado, debe considerarse todo lo que constituye construcción de país, no sólo en lo que se refiere a la infraestructura física, sino, más allá, a la continuación, frustración o lanzamiento de políticas de largo plazo, así como a la eficiencia del Estado. Relacionado a lo anterior, aunque en un acápite especial, debe evaluarse el respeto y el fortalecimiento de la democracia y de la vigencia de los derechos humanos; también la labor diplomática. Asimismo, la participación o no de altas autoridades del Ejecutivo en casos de corrupción y, en general, la actitud ante ese flagelo, constituyen un capítulo aparte. También el manejo político del gobierno, teniendo en cuenta, en particular, que la actuación en ese campo influye fuertemente en el desempeño general.

Obviamente, en este corto espacio, no se puede hacer un balance completo respecto de la administración de Ollanta Humala, pero sí se puede plantear algunas observaciones, empezando por el último aspecto señalado en el párrafo anterior: el hecho que la bancada oficialista se haya ido desgranando al punto de no poder siquiera presentar este año un candidato propio para la presidencia del Congreso, es un claro indicativo de mal manejo político. Contribuyó a tal desenlace, por cierto, el controversial papel de la Primera Dama, Nadine Heredia, que focalizó en buena medida las tensiones, aunque sin que pueda decirse, como alguien tuvo el cuajo de escribir, que nunca antes en la historia del Perú se había dado el caso de una persona no elegida que ostentara tanto poder. Vladimiro Montesinos debe haberse doblado de la risa al leer tamaña barbaridad.

En lo que se refiere al manejo de la coyuntura económica, el debate está abierto entre los economistas, aunque la mayoría tiene una visión crítica. Lo que sí llama la atención es que, en muchos análisis, se pase por alto o minimice el factor del entorno internacional que es fundamental para entender lo que viene sucediendo, no sólo aquí, sino en los países vecinos. En ese contexto, nuestra actual tasa de crecimiento está muy lejos de ser catastrófica; incluso, es vista desde fuera como meritoria. Ello, por supuesto, sin perjuicio de señalar las falencias de la administración nacionalista. El tratamiento de la amenaza de la delincuencia, en cambio, solo puede generar alarma, en particular por el desfile de brevísimos ministros del Interior, como sucedió con el gobierno anterior, sin que la designación tardía de una personalidad respetada como José Luis Pérez Guadalupe, pueda modificar mucho la evaluación. Por otro lado, sí constituyen logros indiscutibles, en materia de acción externa, y en continuación de esfuerzos anteriores, el resultado del litigio marítimo con Chile, y la profundización de la Alianza del Pacífico.

En el terreno del respeto de la democracia, se disipó el fantasma chavista, más allá de una u otra declaración presidencial sobre Venezuela que algunos han querido extrapolar al escenario interno, y, en lo que se refiere a la corrupción, el principal pasivo es el debilitamiento de la Procuradoría. Las investigaciones a la Primera Dama plantean interrogantes, pero no arrojan todavía nada concluyente. Las efectuadas en el Parlamento sobre su posible participación en los desaguisados de Martín Belaunde Lossio con varios gobiernos regionales, reposan hasta ahora en la suspicacia, por la reciente cercanía entre ambos personajes, antes que en indicios. En general, las afirmaciones sobre la corrupción superlativa del actual régimen, no están, por lo menos en este momento, basadas en hechos concretos y demostrados, sin que ello quiera decir, que no se hayan producido actos dolosos por parte de determinados funcionarios.

Hay muchos temas que quedan en el tintero, como el de la educación, el programa Servir, la acción social, entre otros. Más de allá de lo que puedan decir las encuestas, y del pésimo momento político que el propio mandatario ha contribuido grandemente a gestar, ya habrá ocasión de hacer un balance integral en serenidad, algún tiempo después del final del mandato.


Escrito por

Francisco Belaunde Matossian

Analista político internacional. Profesor en las universidades Científica del Sur y San Ignacio de Loyola


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